Todos hablan de las resoluciones de año nuevo
y pocos hablan de los objetivos que ayudan a cumplirlas.
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BET Human Performance
Por Pablo Vallejo
Estamos por empezar el 2026 y quiero hablar de algo en lo que sí creo profundamente: los objetivos. No creo en los objetivos por moda, por motivación barata, ni por frases lindas de inicio de año. Creo en los objetivos porque dan claridad. Dan enfoque. No siempre motivan, pero sí empujan. Y muchas veces eso es exactamente lo que necesitamos.
Hace poco corrí una maratón, fue mi objetivo del año, estuve a punto de lograr el tiempo que quería, ahora estoy descansando de varios meses de esfuerzo, de algunos sacrificios (como nos gusta llamarlos), días en los que costaba más entrenar y otros en los que todo fluía, días en los que llegaba a la oficina cansado e igual tenía que actuar como que sino pasaba nada. Llegó el día y pasó, ¿cambió mi vida?, probablemente no, solo me convenció que con enfoque y revisando los errores, se puede mejorar, ¿qué hice?, buscar otro objetivo, esta vez, algo más retador incluso.
En el deporte, y especialmente en los deportes de Endurance, uno puede elegir simplemente “estar fuerte” o “sentirse bien”, y está perfecto. No todo el mundo tiene que competir ni buscar marcas. Pero la realidad es que el Endurance es más complejo que eso. No es solo salir a entrenar cuando se puede. Requiere precisión. Requiere intención. Requiere saber dónde poner la energía y, sobre todo, dónde no ponerla.
Somos atletas amateurs. Tenemos familia, trabajo, estrés, responsabilidades, días buenos y días pésimos. El tiempo es limitado y las balas también. Por eso tener un objetivo no es obsesionarse con una meta, es decidir dónde apuntar. Es entender que no todo se puede hacer al mismo tiempo y que decir que sí a algo implica decir que no a muchas otras cosas.

Un objetivo bien planteado no es una fecha ni un número. Es un proceso. Es preguntarte qué fases necesitas atravesar, cuándo tienes que apretar, cuándo tienes que soltar, qué ¨sacrificios¨ valen la pena y cuáles no. Sin objetivos, todo parece importante. Con objetivos, aparece el foco.
Siempre comparo el deporte con la empresa porque funcionan igual. Un entrenador difícilmente puede hacer mejorar a un atleta que no sabe a dónde quiere llegar. Y un consultor empresarial difícilmente puede ayudar a crecer una empresa sin rumbo. Sin objetivos no sabes qué medir, no sabes qué ajustar y no sabes si estás mejorando o solo acumulando cansancio.
Ahora, tener objetivos no significa obsesionarse ni frustrarse si no se cumplen. La vida no es lineal y el deporte tampoco. Hay lesiones, errores, cambios de planes, imprevistos. Pero lo que sí podemos hacer es analizar los procesos, aprender de las caídas y tratar de no cometer los mismos errores una y otra vez. Fallar sin análisis es perder tiempo. Fallar analizando es parte del entrenamiento.
Para mí, empezar un año no se trata de prometer más, sino de decidir mejor. No todos necesitan grandes metas, pero todos necesitamos dirección. Un objetivo no define tu valor como atleta, como empresario o como persona. Define tu intención.
Y cuando la intención es clara, incluso los caminos difíciles tienen sentido.
Arranquemos el 2026 con menos ruido y más enfoque.
Menos promesas y más decisiones conscientes.
Porque entrenar, trabajar y vivir sin saber a dónde apuntas… es disparar sin objetivo.